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Autorretrato de un retrato (5)
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5.- “Lo de populista me lo inventó Salinas”
Cuando hacía carrera política en el PRI a finales de los setenta, la izquierda encontraba en España una posibilidad de abrir su espectro ideológico: en su XXVIII congreso de 1979, el Partido Socialista Obrero Español excluyó de sus documentos básicos el concepto de marxismo. Así pues, se podía ser de izquierda sin ser marxista, contrario a lo que escribió Jean Paul Sastre en 1956 en la revista Les Tempes Modernes: “en la medida en que es “de izquierda”, todo intelectual, todo grupo de intelectuales, todo movimiento de ideas, indirecta o directamente, se define en relación con el marxismo”. El PSOE de Felipe González se alejaba del marxismo como una forma de acercarse al poder. Se trató, diría el dirigente comunista español Santiago Carrillo, de la habilidad de convertir un programa socialdemócrata como una política de izquierda.
A lo largo de su vida activa en la oposición Andrés Manuel López Obrador se ha considerado un hombre de izquierda. A las denuncias de irregularidades en su gobierno ha respondido siempre que quieren obstaculizar un proyecto de izquierda. Sin embargo, hasta ahora el tabasqueño no ha definido su ideología de izquierda, sobre todo porque llegó al poder como dirigente de movimientos sociales populares pero sus principales alianzas de poder han sido con los principales personeros de la derecha empresarial. Sin una definición marxista, la izquierda puede ser todo: populismo, progresismo, reformismo, socialdemocracia y hasta cristianismo progresista.
Las percepciones gelatinosas de izquierda han permitido reformas ideológicas que dañan el concepto mismo de izquierda. Como presidente nacional del PRD, por ejemplo, López Obrador propuso para el partido algunas consideraciones que rompían con el molde del marxismo. Un punto resultó significativo: la propiedad accionaria de empresas por parte de los trabajadores. Como partido de izquierda heredero del comunismo marxista del Siglo XX, el PRD conculcaba la herencia ideológica y buscaba convertir a los trabajadores en empresarios borrando de un plumazo con la lucha de clases como motor de la historia. La propuesta del tabasqueño para el PRD nunca permeó. Aunque estuvo animada por la experiencia de los trabajadores de Teléfonos de México, cuya privatización fue condicionada por el gobierno de Carlos Salinas a la participación sindical como socia de la empresa.
Históricamente, la definición de izquierda en México estuvo asociada a la posibilidad de diseñar una alternativa a la formación capitalista y estatista del sistema productivo mexicano, con el Estado por encima de las clases y de la lucha de clases. Se trató, por cierto, de una moderación de los orígenes ideológicos del Estado mexicano en la etapa de la radicalización “de Obregón a Cárdenas”, en los que hubo definiciones socialistas y hasta marxistas de la educación y del sistema productivo. Al perder referentes ideológicos, el Estado se transformó en una burocracia dominada no por compromisos de clase sino por mediaciones interclases para sustituir los acuerdos corporativos por la lucha de clases.
En esa evolución ideológica se localiza la definición de la propuesta de “izquierda” de López Obrador. Por eso en el gobierno del DF se permitió programas de apoyo presupuestal a personas de la tercera edad “un subsidio por el sólo hecho de cumplir 55 años” junto a proyectos entregados a empresarios como Carlos Slim. En los años de gobierno de Andrés Manuel en el DF, la lucha de clases desapareció. Las protestas sociales ocurrieron sólo por conflictos intersindicales (lucha magisterial), por decisiones de gobierno (Atenco), por restricciones laborales (ambulantes), por luchas estudiantiles contra el alza de cuotas (CGH en la UNAM) y por invasión de tierras, nunca para consolidar una alternativa marxista en la vida de la ciudad de México.
Si la izquierda mexicana nació en función de una propuesta comunista de lucha de clases “las marchas sindicales de ferrocarrileros, petroleros y campesinos de los años cincuenta a sesenta”, la lucha por la democracia y por la incorporación legal de la izquierda marxista a la vida pública nacional fue disminuyendo el componente marxista. El Partido Comunista Mexicano, fundado en 1919, había sobrevivido como partido marxista-leninista hasta la reforma política del gobierno de López Portillo en 1977. Se trataba de un partido de izquierda, con fundamento obrero y orientado hacia el comunismo. Sin embargo, en 1981 decidió su autodisolución y su fusión con otras fuerzas políticas para dar a luz al Partido Socialista Unificado de México (PSUM), conformado por grupos y corrientes del espectro socialista light y hasta no marxista. Hacia 1981 el mundo había vivido el avance del PSOE en España como socialismo sin Marx y la lucha por el eurocomunismo basada sólo en la vía democrática de acceso al poder y sin el padrinazgo ni dependencia del Partido Comunista de la Unión Soviética.
El PCM tuvo varias mutaciones: la fusión para fundar el PSUM, una nueva fusión para crear el el PMS y finalmente su disolución para juntarse con el Frente Democrático Nacional de Cuauhtémoc Cárdenas y dar a luz al PRD, un partido dominado por ex priístas. Los grtupos que dieron forma al PRD fueron la Corriente Democrática del PRI, el PPS, el PMS, el PARM y el Partido del Frente Cardenista. Consigna Barry Carr que los documentos básicos del PRD no mencionaron el socialismo ni el marxismo ni la lucha de clases sino que se propusieron el objetivo de luchar sólo por la democracia y a partir de ahí eliminar las estructuras de dominación presidencialista y corporativa del PRI.
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Encuestas de la empresa Indemerc-Louis Harris para La Crisis a lo largo de la primera mitad del sexenio de López Obrador como jefe de gobierno del DF han revelado consideraciones sobre la percepción política que tiene la sociedad sobre el tabasqueño. A diferencia del reconocimiento que le han dado los ciudadanos a Cárdenas como luchador y constructor de la democracia mexicana, a López Obrador lo perciben como un hombre providencial. Es decir, que los capitalinos lo ven como un ineficaz jefe de gobierno por la persistencia de los problemas en la ciudad de México pero con un enorme reconocimiento personal.
Los hombres providenciales derivan en caudillos. La ciudadanía en el DF no ha visto soluciones a los problemas de seguridad, pobreza, abandono, empleo y vialidad, pero la popularidad del jefe de gobierno del DF ha llegado a rozar el 90 por ciento de aceptación. Las razones no tienen que ver con el reconocimiento a las ideas o a los saldos de gobierno, sino más bien al discurso y a ciertas medidas de subsidio a grupos vulnerables. En tres años, la ciudad no tuvo un proyecto alternativo de zona urbana sino sólo obras de vialidad y subsidios a marginados como cualquier gobierno priísta del pasado no muy lejano.
No hay, pues, una visión de izquierda, de clase, sino sólo un discurso que responde a las expectativas de cierta gente y una tendencia a la victimización que suele generar simpatías populares. En todos sus discursos, López Obrador no ha definido un cuerpo ideológico sino simplemente compromisos de atención a grupos marginados. De hecho, el programa “social” de Andrés Manuel es una versión limitada del Pronasol salinista: atención a la sobrevivencia de la gente. El programa de apoyo a la tercera edad no es más que el regalo de 660 pesos mensuales a todas las personas de 65 años en adelante, sin indagar capacidad económica. Ese subsidio ha sido bien vendido “como lo fue el Pronasol de Salinas” pero no resuelve el problema estructural de empleo para la tercera edad. López Obrador no enseña a las personas a pescar, sino que les regala pescado, para jugar con la metáfora china.
Un contrasentido se localiza en este enfoque de las preocupaciones sociales del tabasqueño. Mientras a la tercera edad le regala un subsidio mensual permanente y otorga créditos con intereses preferenciales a habitantes de zonas deprimidas, de otro lado le entregó la remodelación del Centro Histórico a Carlos Slim y le permitió la compra indiscriminada de inmuebles y además aceleró el desalojo de las familias que vivían en cuartos de renta congelada, así como le entregó terrenos subvaluados al empresario cementero Lorenzo Zambrano a cambio de bultos de cemento para obras viales. Y la construcción de obras viales tiende a facilitar la circulación para el transporte privado de clase media hacia arriba, sin ningún efecto multiplicador en lo social.
Los discursos del tabasqueño, inclusive, tienen el propósito claro de eludir tentaciones ideológicas. Su pragmatismo tiene origen en su incultura política, pero también en la intención clara de no entrarle a debates innecesarios. Por tanto, sus ideas políticas son menores a sus decisiones pragmáticas de frases como “primero los pobres” o el énfasis en programas crediticios o los subsidios a personas de la tercera edad. Las obras viales las vende como necesarias y se aleja del debate clasemediero. No hay ideas, pues, pero sí intenciones políticas: mostrar que el gobierno atiende a todos los sectores sin preocuparse por definir ideológicamente el proyecto. Cárdenas, en cambio, es más claro en sus ideas políticas y aunque elude el compromiso marxista sí tiene consideraciones que parten del concepto de la lucha entre las clases.
En los últimos años ha habido cuando menos tres críticas severas al modelo político de López Obrador de populismo sin ideología rectora y todo agotándose en la búsqueda de la popularidad personal. El primero de ellos le dio sentido político al modelo de López Obrador: en 1996, en plena campaña por la presidencia del PRD, Heberto Castillo caracterizó el programa ideológico de López Obrador de lombardista, haciendo referencia al Vicente Lombardo Toledano que se convirtió en colaboracionistas de los gobiernos priístas de López Mateos y Díaz Ordaz y que subordinó el Partido Popular Socialista al papel de “oposición leal” y aliado en función del programa progresista de la Revolución Mexicana.
Heberto tuvo razón. López Obrador es un lombardista. El texto de Heberto, publicado en la revista Proceso 10234 del 10 de junio de 1996 se publica íntegramente a cotinuación:
“Sorprenden los bandazos del candidato a la presidencia del PRD, Andrés Manuel López Obrador. De una posición intransigente que demandaba la creación de un gobierno de salvación mediante la renuncia de Ernesto Zedillo, el nombramiento por el Congreso de la Unión de un presidente provisional, la convocatoria a elecciones presidenciales y la elección de un nuevo mandatario para instaurar el gobierno que salvaría al país del desastre económico, político y social que vive, se ha pasado a la posición lombardista de apoyar al gobierno si éste orienta el rumbo según las indicaciones del partido opositor.
“Ahora, el domingo 2 de junio de 1996, en documento que todavía no poseo pero que fue parcialmente publicado en la primera plana de La Jornada, como la noticia principal, López Obrador sale a la defensa del presidente Zedillo y reclama la unidad en torno a él porque “está en marcha un proyecto para deponerlo, inspirado y promovido desde el extranjero y vinculado a grupos políticos y económicos que traicionan al régimen para apoderarse de las riquezas del país, esencialmente los yacimientos petroleros”. El documento de Andrés Manuel se titula “La defensa de las instituciones y el rechazo a la renuncia presidencial”.
“Ante la dura crítica a la posición de López Obrador de parte de miembros de su misma planilla, Cuauhtémoc Cárdenas se apresuró a defenderlo. Dijo: “López Obrador planteó una salida constitucional a la crisis, no un cambio de personas que lleve a un mayor descontento”. Olvida Cuauhtémoc que esa era su tesis al proponer el gobierno de salvación nacional en el III Congreso de Oaxtepec, el cambio de personas. Interpreta Cárdenas las palabras de su candidato a su gusto y conveniencia. Andrés Manuel no propone una salida constitucional a la crisis, sino una rectificación de Zedillo a su política neoliberal, creyendo tal vez que éste la sigue solamente por presión de fuerzas ajenas al país o a su convicción política. No se entiende que Zedillo practica la política neoliberal porque cree en ella, porque piensa que es la mejor para el país y para los intereses políticos, económicos y sociales que representa en el PRI. Zedillo no es de manera alguna un instrumento de otros y que actúa forzado. Es un actor de su propia convicción política, como lo fueron De la Madrid y Salinas.
“A los dirigentes de la política neoliberal no los vamos a convencer de que se pasen a nuestro bando político. Hay que presionarlos con métodos políticos eficaces, parlamentarios, económicos, sociales, para que actúen de acuerdo con las conveniencias de nuestros representados, del pueblo que ha sido despojado de su riqueza por los grandes empresarios nacionales y extranjeros beneficiados por la política económica seguida por los últimos gobiernos.
“Contrario a lo que expresa Cárdenas, López Obrador considera como una salida a la crisis nacional convencer al jefe del Poder Ejecutivo de la necesidad de cambiar la política neoliberal que sigue y que de hacerlo tendría el apoyo del pueblo mexicano y del PRD. Esa delicada posición del PRD no considera AMLO que hace falta decidirla en un congreso nacional o en un consejo, ni siquiera en el Comité Ejecutivo del PRD; ya él se sabe presidente del partido, y como tal, siguiendo la tradición implantada por sus antecesores, puede imponer al partido sus decisiones. Por ello dice en su documento: “Zedillo podría tener el apoyo del pueblo mexicano, de nosotros mismos (hasta de nosotros, los mejores del pueblo, parece decir), pero no se la quiere jugar del lado del nacionalismo, de la defensa de los intereses patrios, de la atención a reclamos sociales de justicia, democracia, libertad y paz”. Y agrega, para que no haya dudas de su disposición a la unidad: “Si para salvar a la República tenemos que apoyar a la Presidencia, no vamos a titubear en hacerlo… si el presidente Zedillo tiene sensibilidad política, si no se confunde con nosotros (?), si no se crece al castigo (?), sepa él y sepan los mexicanos que nuestro partido es uno solo para defender las instituciones (como se ve, ya Andrés Manuel habla a nombre del PRD y lo compromete por su cuenta) y que todos sus militantes y dirigentes somos también soldados de la República”.
“Si a este discurso se le cambia el apellido Zedillo por el de López Mateos o Díaz Ordaz, un lector ilustrado podría pensar que se trata de un documento del PPS de los tiempos de aquellos presidentes y de Lombardo Toledano. ¿Volveremos a tener un partido de ese tipo, de , atento a los actos positivos, progresistas de los miembros de la clase gobernante? ¿Será ésta una reacción de la demanda hecha por Zedillo a quienes sólo propalan las malas noticias y para nada se refieren a las buenas? Porque vale la pena decir que si hay buenas noticias hay que darlas a conocer, y quienes criticamos los actos malos del gobierno y el empobrecimiento sistemático de la población estamos dispuestos a comentar con entusiasmo toda noticia que hable de cambios favorables para los marginados. Hasta ahora nada sabemos de ese tipo de cambios; crece la deuda externa; sigue el saqueo de nuestro petróleo, de los dineros que ingresan al país por concepto de turismo, porque con esos dos rubros se pagan los intereses de aquélla.
“Puede ser que la planilla que encabeza Andrés Manuel y que promueve Cuauhtémoc Cárdenas haya cambiado su concepción del gobierno priísta y, en vez de pedir la renuncia del presidente, piense ahora que debemos unir fuerzas con él para sacar al país de la crisis si Zedillo acepta cambiar su política económica. Nosotros no lo creeríamos aunque nos lo dijera el presidente, porque el sustento ideológico del gobierno del PRI, su fundamento desde hace 13 años cuando menos, es la doctrina neoliberal que pretende integrar a México al mundo moderno, que considera imposible defender la planta económica nacional de la competencia desleal que exigen las grandes naciones industrializadas.
“Tenemos a la vista la prepotencia imperial de Estados Unidos con su Ley Helms-Burton cuando, ante el rechazo unánime de los 32 asistentes distintos a Estados Unidos a la XXVI Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (sólo se ausentó República Dominicana), la representante estadunidense ante la OEA, Harriet Babbith, calificó el cuestionamiento de la ley como “una cobardía diplomática” y negó que el Comité Jurídico Interamericano al que los países solicitaron determine sobre la validez de la Ley Helms-Burton tenga atribuciones para dictaminar sobre una ley estadunidense.
“Quienes hemos luchado toda la vida por construir un partido capaz de vencer al PRI y al PAN para ser gobierno no podemos aceptar estos planteamientos, y cuando los escuchamos vislumbramos acuerdos oportunistas con funcionarios del gobierno para facilitar el arribo a la dirección del partido de un grupo que pretende mantener indefinidamente su control sobre el PRD.
“Cuauhtémoc debe fundamentar claramente su apoyo a la posición de Andrés Manuel, contraria a la que propuso en el III Congreso Nacional del PRD en Oaxtepec. Si se convenció de las razones expuestas por los compañeros que ganaron la discusión y que aprobaron por gran mayoría la transición pactada hacia la democracia con todas las fuerzas políticas de la nación, su nueva posición de apoyar a Zedillo si éste acepta el programa económico del PRD no contribuye a que se avance en la construcción de la democracia sino, por lo contrario, ayuda a que el PRD se quede atrás como simple ayudante del partido en el poder para sacarlo de los apuros que padece internamente.
“Porque a nadie debe escapar que los rumores acerca de la renuncia de Zedillo provienen de los hombres del poder, de México y de Washington. Entre los hombres del gobierno, entiéndase, no hay desacuerdo sobre la política neoliberal que se aplica, sino por la conducción que se tiene de ella. Nadie dentro del gobierno interesado en quitar a Zedillo piensa en cambiar de rumbo; lo que quieren es afianzar ese rumbo. Y debemos entender que la cúpula en el poder sabe que las fuerzas progresistas están dispersas, desorganizadas y enfrentadas; por ello se animan a ir por el camino del golpe, porque está entre ellos quien reemplazará al desplazado. Usan el rumor para desestabilizar y aprovechan las posiciones políticas y económicas que tienen en Estados Unidos. Recordemos que la Dow Jones ha usado antes el rumor.
“La inconsistencia de los dirigentes sale a relucir en las emergencias. Vivimos en una muy grave. Cuauhtémoc avanza en una posición de promotor abierto de un candidato a opositor abierto de otro. Ahora me descalifica en el debate sostenido con Diego Fernández de Cevallos en el Canal 40 de televisión. Ahora Cuauhtémoc y López Obrador saltan de posiciones opuestas en breves lapsos. Defienden la industria petrolera y se oponen a su venta, pero proponen comprarla sin consulta previa con la dirección del partido y mucho menos con sus bases. Se olvidan de que, si la Constitución prohíbe la venta o concesión de la industria, ésta o parte de ésta no puede comprarse. Y se ignora que para adquirirla se requieren 6 mil millones de dólares, esto es, 45 mil millones de pesos, de los cuales se han recolectado en dos meses apenas 300 mil pesos, por lo que de seguirse percibiendo las aportaciones a ese ritmo, en 12 mil quinientos años más, los compañeros Cárdenas y López Obrador habrán reunido el resto. ¿Habrán considerado estos números o ni siquiera pensaron en ellos? Propuestas de este tipo descalifican las luchas que damos en el PRD por defender los recursos de la nación y nos muestran como, al menos, poco serios. Y siguiendo el mismo camino individualista para tomar decisiones que comprometen a todo el partido, ahora cambian su política intransigente de pedir la renuncia de Zedillo por la de apoyarlo si cambia el rumbo económico de la nación. Se llega al extremo de decirle al presidente en el documento que comentamos que . Sí lo somos, digo yo, pero depende para realizar cuál lucha.
“He respetado la decisión de Cárdenas de apoyar abiertamente la candidatura de López Obrador. Está en su derecho. Respeto la decisión de Porfirio Muñoz Ledo de mandar sus cuadros a promover a Amalia García. Es su derecho. Pero rechazo la discriminación que públicamente hace Cuauhtémoc de mi candidatura a la presidencia del PRD. En esta contienda hemos dicho que se puede apoyar, se puede criticar; lo que no se puede ni debe es descalificar. Tenemos que actuar ofreciendo razones del porqué de nuestras posiciones si queremos mantener la unidad dentro del partido. Y construir la democracia hacia dentro, la que tanto demandamos hacia afuera.”
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El conflicto de la lobotomía ideológica del PRD que se ha magnificado con la ausencia de ideología de López Obrador ha llevado a disputas entre organizaciones afines o de algún modo cercanas en objetivos. El 4 de febrero del 2003, en una de sus tantas cartas sobre su recorrido político y social por el centro-su-sureste de la república, el subcomandante Marcos hizo una severa crítica al PRD justamente por su pragmatismo. El documento provocó respuestas de Cuauhtémoc Cárdenas y otros perredistas, pero de todos modos quedó en el debate el hecho de que un movimiento guerrillero en armas criticaba severamente los acomodamientos pragmáticos del PRD. La crítica de Marcos había dado en el blanco:
“La marcha zapatista… Orizaba…
“Si nos dijeran que podríamos regresar a un lugar de los que visitamos en la marcha, pero sólo a uno, escogeríamos Orizaba. Aquí coincidieron varias circunstancias afortunadas: unos organizadores abiertos, tolerantes e incluyentes; ong’s activas y comprometidas, comunidades indígenas luchadoras, medios de comunicación locales particularmente sensibles a la causa indígena, y un pueblo (formado por jóvenes estudiantes, obreros, amas de casa, colonos y empleados) especialmente noble.
“¿El resultado? Lo que iba a ser un rápido saludo de la Marcha del Color de la Tierra, se convirtió en uno de los actos más festivos y combativos de todo el recorrido. No sólo en la plaza, también en la calle. Estuvieron, y vivos, todos los colores.
“Todos, hasta el gris…
“Antes, en diciembre del año 2000 y después de que el EZLN anunciara públicamente su intención de marchar al DF, en una de las reuniones donde la fracción de legisladores del PRD discutía los Acuerdos de San Andrés, la diputada Rosario Tapia pidió la palabra y dijo así:
“Un poco después, cuando estaba por iniciarse la marcha, en la reunión del Comité Ejecutivo del CEN perredista, el vocero del PRD (y hoy secretario general nacional de ese partido), Navarrete, declaró:
“Lo que entonces se echó a andar como una propuesta aislada, se convirtió en decisión en Orizaba.
“Orizaba, año del 2001, la plaza llena…
“En un rincón se encontraban dos personajes de la política: los senadores Jesús Ortega (jefe de la bancada perredista en el Senado) y Demetrio Sodi de la Tijera (miembro perredista de la Cocopa). La plaza de Orizaba siempre ha sido un lugar difícil para las manifestaciones políticas, y los dos senadores estaban ahí para atestiguar el fracaso en la convocatoria de los zapatistas. Con el rostro desencajado y cenizo, veían a la gente y la escuchaban. Entonces se miraron entre sí, entendiendo que había que hacer todo lo posible para que esa fuerza no saliera definitivamente a la lucha abierta… nunca.
“En un lado, Jesús Ortega, nativo de Aguascalientes, ex fiel seguidor de Rafael Aguilar Talamantes en el Partido Socialista de los Trabajadores, diputado de 1979 a 1982, expulsado del PST en 1987, miembro del PSM y después del PSUM, nuevamente es diputado de 1988 a 1991, en 1989 se suma a la corte más próxima a Cuauhtémoc Cárdenas, desde 1993 su trabajo en el IFE le permite ligarse a los órganos del PRD en los estados, de nuevo diputado de 1994 a 1997 (entonces coordinador de la fracción de diputados del PRD), fue un cortesano de Cárdenas hasta el año 2000, cuando incluso le aconsejó el retiro (hoy es uno de sus principales detractores), es ahora senador de la república y coordinador de la bancada de su partido en esa cámara.
“Sin haber dirigido ningún sector social, sin ninguna producción intelectual, sin dotes de tribuno, sin carisma alguno, el senador Jesús Ortega es un botón de la gran muestra de dirigentes del Partido de la Revolución Democrática.
“A su derecha, Demetrio Sodi de la Tijera, defeño, ex gerente de empresas públicas y privadas, coordinador general del DDF en los tiempos de Ramón Aguirre, ingresa al PRI en 1975, diputado federal por el PRI cuando se concreta el fraude salinista contra Cárdenas, asambleísta -con la bendición de Salinas- del PRI en la segunda Asamblea Local del DF (91-94), formaba parte del grupo de Manuel Camacho Solís hasta que éste no es elegido candidato presidencial por el PRI, sale del PRI en 1994 después del asesinato de Colosio, dirigente de Alianza Cívica en 1994 y miembro del Grupo San Angel en el mismo año, en 1996 participa en el Foro de la Reforma del Estado (organizado por el EZLN) con una ponencia donde auguraba que el PRI se mantendría en el poder por mucho tiempo y que sólo las candidaturas conjuntas de PAN y PRD podrían derrotarlo, entra al PRD -animado por el triunfo de Cárdenas en el DF en 1997, diputado del PRD en 1997-2000, ahora senador del 2000 al 2006. Como senador, además de impulsar la contrarreforma indígena, ha buscado llegar a acuerdos con el PAN en lo de la privatización de la energía eléctrica, votó en contra de renegociar la entrada en vigor del capítulo agropecuario del TLC, y en no pocas ocasiones se manifestó en contra de los campesinos rebeldes de San Salvador Atenco.
“Hace unos días, el analista político Armando Bartra hacía una especie de balance de los 9 años del TLC y de la presencia pública del EZLN. No me detendré en criticar el análisis frívolo y superficial de las iniciativas zapatistas, sino en un señalamiento: el maestro Bartra decía que no debíamos buscarle caras de Lulas (en referencia al hoy presidente de Brasil) a nuestros políticos, pero que había que luchar, no sólo desde abajo, también desde “arriba” (es decir en las cámaras) por la transformación de México. De acuerdo en lo de no verle cara de Lula a los políticos. Pero parece también un error verle al PRD mexicano cara de PT brasileño. ¿Y dónde está el equivalente al MST (Movimiento de los Sin Tierra) carioca?
“Parece que el único argumento para sostener que hay que apoyar al PRD es que no hay otra cosa, que si no se le apoya, entonces el PRI y el PAN y la madre del muerto, y el sectarismo y todas las desgracias, caerán sobre nosotros. Recientemente, como respuesta a las críticas al PRD hechas por los 7 comandantes y comandantas del EZLN, el primero de enero de este año, la presidenta de ese partido, Rosario Robles, llamaba a no pelear entre “amigos”, e insistía en que lo de la votación de la ley indígena había sido un error y así se había reconocido.
“¿Amigos? ¿Error?
“Según se desprende de las defensas a ultranza que los senadores Ortega y Sodi hicieron de la contrarreforma indígena (cuando ya ni Bartlett ni Cevallos la defendían, pues era mayúsculo el repudio nacional e internacional), no se trató de un “error táctico”. Bajo la visión de Ortega y Sodi realmente no es muy importante que a las comunidades no se les reconozca su carácter de “entidades de derecho público”; tampoco que no se hable del “disfrute colectivo de los recursos naturales” (¡según Ortega esto es innecesario!); incluso lo del territorio, en tanto el “hábitat abarca lo del territorio”.
“Con todo lo anterior, los reclamos y la oposición de los pueblos indios de México en contra de la Ley, que los senadores quisieron y quieren limitar a “gente cercana al EZLN y al subcomandante”, sólo se reduce a que los pueblos indios no comprenden la “sabiduría” de los legisladores perredistas.
“Pero el asunto es que los senadores de la izquierda mexicana defendieron una ley que es de derecha. Y cuando el señor Cárdenas Solórzano indicó votar por la contrarreforma indígena (“¿Eres un senador del EZLN o del PRD? ¡Vota por la unidad del partido!”, habría dicho, olvidando que los senadores no son del EZLN, pero tampoco del PRD, del PRI o del PAN, sino senadores DE LA REPUBLICA), lo hizo por una ley de derecha.
“La alternativa era clara: o con los pueblos indios (y los millones de mexicanos no indios que apoyan sus demandas) o con la contrarreforma indígena de Cevallos-Bartlett-Ortega. Y el PRD eligió, y eligió de acuerdo al perfil que se construye: el de una izquierda agradable y cómplice de la derecha.
“La aprobación de la ley Cevallos-Bartlett-Ortega (by the way, ninguno de ellos fue elegido por votos “entraron al Senado como cuota de partido”), es decir, del PRI-PAN-PRD fue, en efecto, un triunfo de la clase política mexicana en contra de los pueblos indios (y no sólo contra el EZLN), pero un triunfo pírrico, que se desvanece ya ante el avance de los procesos de autonomía y de resistencia no sólo en los indígenas.
“¿Los diputados perredistas se ? Bueno, el voto en contra de la contrarreforma se acordó en la fracción parlamentaria de la Cámara de Diputados con apenas 3 votos de diferencia. Y los diputados del PRD están aprobando varias cosas que tienen que ver con dicha contrarreforma.
“Pero, ya en el terreno de los supositorios, pensando que sí, que sólo fue un
que debemos perdonarnos como , entonces ¿qué significa lo que sigue?
“1) El PRD lleva tres años seguidos votando a favor del presupuesto federal. Ellos se justifican señalando que no han sido los proyectos originales de Fox. La realidad es que en Hacienda se manda un presupuesto que ya saben que deberá ser por los diputados (aumentando un poquito a educación, salud, etc.), con lo cual se asegura su voto. Si es verdad, como dice la teoría económica, que el presupuesto representa el modelo económico en funciones, entonces el PRD lleva tres años votando a favor del neoliberalismo y contra los mexicanos, y su voto ha significado votar a favor de pagar la deuda externa, de limitar el crecimiento, de seguir fielmente los dictados del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial.
“2) Los diputados del PRD están poniendo en práctica los acuerdos que se votaron mayoritariamente sobre la Ley indígena, tanto en lo que tiene que ver con las leyes reglamentarias, como en lo de las partidas presupuestales. Votaron en contra, pero son garantes de la implementación de esa ley.
“3) En el Senado el PRD votó a favor de las modificaciones a la Convención Internacional sobre desaparecidos, con lo cual se garantizó el fuero militar (los soldados solamente serán juzgados por tribunales militares) y la no retroactividad, con lo cual se garantizó la impunidad.
“4) En diciembre pasado varios legisladores del PRD (entre otros, el senador Sodi) votaron con el PAN y el PRI sobre no exigir que se suspendiera la aplicación del capítulo agropecuario del TLC.
“5) Simplemente para darse una idea del dispendio que significaron las elecciones internas del PRD, un anuncio de 20 segundos en el noticiero de López Dóriga, en Televisa, cuesta 465 mil pesos. Se pagaban a los brigadistas (muchas veces miembros de pandillas de varias colonias pobres) 60 pesos por hora en el día para pegar propaganda, y 80 pesos la hora en la noche para quitar la del contrincante. Se calcula que el costo de la campaña previa del PRD fue de cerca de 80 millones de pesos.
“6) El señor Ramírez Cuéllar, de El Barzón, uno de los del movimiento campesino actual, ¿no fue precandidato del PRD a la delegación Venustiano Carranza del DF que, por supuesto, está mayoritariamente poblada por campesinos? ¿Cuántos de los candidatos del PRD a puestos diversos han sido alguna vez líderes sociales? ¿Cuántos precandidatos del PRD a las delegaciones ni siquiera aparecieron en las boletas de encuesta? ¿Cuánto se gastaron los precandidatos que se anunciaron en radio y televisión? ¿Cuánto se gastó en la avioneta que promocionaba a uno de los precandidatos?
“7) ¿Un partido de izquierda recurre a las encuestas para elegir a sus candidatos y dirigentes? ¿Un partido de izquierda promociona nombres y rostros en lugar de principios y programas? ¿No es verdad que el 67% de los municipios que gana el PRD, los pierde en la siguiente elección por gobernar como lo hacen el PRI y el PAN? ¿No es cierto que el discurso del PRD no le a los jóvenes, a los indígenas, a los ecologistas, a las mujeres, al nuevo movimiento campesino? ¿Cuál es la posición clara del PRD en los asuntos internacionales?
“El PRD, es cierto, alguna vez fue un partido de izquierda. Ya no. Ha optado por sumarse (a la cola) a la lógica de la clase política y sólo aspira a ser el peso que modifique la balanza, olvidando que al dueño de la balanza eso le tiene sin cuidado. Se ha ligado ya orgánicamente al aparato de Estado y depende económicamente, es decir, políticamente, de él. A su interior se ha formado ya una nueva clase de políticos que vive del presupuesto y hace todo lo posible por mantenerse en él. Ya no hay principios, ni programa… y, ergo, ni partido.
“A los zapatistas no se nos escapa el hecho de que hay mucha gente honesta y consecuente en el PRD (la saludamos). Pero no es ella la que decide el rumbo y el perfil de ese instituto político.
“Una y otra vez se nos dice que, ni modo, no hay otra cosa. Pero, como dijo el Comandante Tacho el uno de enero, SI hay otra cosa…
“Desde las montañas del sureste mexicano.
“Subcomandante Insurgente Marcos.”
*
Y en el mismo tenor, el historiador y fundador del PRD Adolfo Gilly envío una carta abierta el viernes 26 de marzo del 2004 al presidente interino del partido, Leonel Godoy, para recriminarle la pérdida de rumbo ideológico. Sin mencionarlo por su nombre, Gilly “aliado de Cárdenas y autor de una de los enfoques más novedosos, el troskista, de la historia de la revolución mexicana: La revolución interrumpida” hizo un severo cuestionamiento de la desideologización perredista en el gobierno del DF por sus alianzas con los enemigos históricos de la izquierda y de los grupos progresistas:
“Estimado Leonel: Recibí tu atenta carta (supongo que es una circular, enviada también a otras personas) en la cual me anuncias la realización del octavo Congreso Nacional del PRD y me dices:
“.
“Como tú sabes, pero tal vez otros no, fui fundador del PRD en 1989 y participé como redactor del Llamamiento al pueblo mexicano a través del cual un numeroso grupo de ciudadanos convocó, en 1988, a la organización del partido que ahora presides.
“Ante la realización del evento al cual me invitas, quisiera hacer algunas reflexiones.
“Este evento, denominado octavo congreso del PRD, no es tal en realidad. Un congreso se conforma con delegados elegidos que representan la opinión y llevan el mandato de sus electores. Para este evento no hubo elección y quienes asisten con voz y voto no son delegados por nadie. Representan apenas la votación de la cual surgió el precedente séptimo congreso, efectuado en mayo de 2002 para tratar otros problemas que los actuales, y suponiendo además que esta votación no hubiera estado viciada por los fraudes probados en el informe de octubre de 2002 elaborado por la Comisión para la Legalidad y Transparencia designada por aquel congreso. En el mejor de los casos, el actual evento podría ser una asamblea de dirigentes del PRD o un encuentro de miembros de sus actuales estructuras dirigentes.
“Esto, pues, Leonel, no es un congreso: es una reunión de ustedes, a la cual deseo, dentro de lo posible, el más ordenado desarrollo y la mejor conclusión. Otras facultades no tienen, como tampoco las tendría ninguna agrupación paralela que asumiera el nombre de PRD.
“Dicho lo anterior creo, como todos los ciudadanos de este país, que el PRD atraviesa una coyuntura gravísima. Esta gravedad depende en buena parte, a mi juicio, del prolongado e ininterrumpido proceso de alejamiento del PRD con respecto a la vida, los afanes, las angustias y las formas de organización y de lucha del pueblo mexicano. Su contrapartida es el ininterrumpido acercamiento del PRD, hasta el punto de identificación casi total, con las instituciones administrativas y políticas del Estado, de las cuales el PRD parece considerarse la parte .
“Ejemplos de esta identificación abundan, pero para no ser extenso mencionaré sólo dos: uno, la función metaestatutaria que se asigna a los gobernadores en las deliberaciones y las decisiones del PRD, como si se tratara de un Consejo de Pares del Reino; el otro, la intención no desmentida de los diputados del PRD de participar en el próximo atentado contra la Constitución todavía existente, contra la tradición jurídica nacional desde el Constituyente de 1917 y contra los derechos democráticos del pueblo mexicano, que consistirá, si nadie lo evita, en establecer la relección inmediata para los diputados y senadores de la nación.
“No será esta, Leonel, la primera defección en esos terrenos, pues ya en 1992 los legisladores perredistas, encabezados en esta empresa por el profesor René Bejarano, participaron en la contrarreforma salinista del artículo tercero constitucional para abrir la puerta a la liquidación de la gratuidad de la enseñanza pública a nivel universitario, atentado cuya materialización hasta hoy los universitarios hemos impedido. Esta entrega de principios sustantivos mereció mucha menor atención por parte del PRD que los tristísimos videos en los cuales dicho profesor aparece en sucesos de ínfima importancia. Pero ambos hechos están unidos por una coherencia de sustancia y de vida que, una vez más, la ensordecedora moralina imperante tiende a encubrir.
“En otras palabras: el PRD se ha convertido en un partido cercano de las instituciones y lejano del pueblo. Este alejamiento del pueblo trabajador, de los oprimidos, los subalternos, los explotados y despojados; de las clases populares, que fueron quienes rompieron en 1988 el monopolio PRI-PAN y dieron origen a este partido, y, sobre todo, de sus organizaciones y sus autonomías, no es una cuestión de moral, sino de trasformación política. El PRD es hoy, en suma, un partido que mira desde arriba hacia abajo, y no desde abajo hacia arriba; desde las instituciones hacia el pueblo, y no desde el pueblo hacia las instituciones. El PRD ha adquirido, sin duda, una mirada subordinada a la mirada de las clases dominantes.
“Esta transformación política de lejano origen es la que determina, pienso, la reacción defensiva, inepta y desconcertada de la estructura dirigente del PRD frente a las denuncias de corrupción en su contra. Es penoso ver cómo la dirección del PRD, en su totalidad, se deja acorralar por la televisión y sus más tenebrosos personajes, que conducen una campaña obviamente orquestada y dosificada. Es penoso ver el torrente de moralina que viene desde esas estructuras partidarias, tronando contra los “corruptos”, pidiendo “castigo ejemplar”, hablando de depuraciones y de ética, y fingiendo ignorar lo que el pueblo dice y sabe de tantos funcionarios provenientes de todos los partidos, incluido el PRD, en las administraciones municipales donde si-guen imperando la mordida, la amenaza, la prepotencia y la represalia contra quienes no se dejan. Es absurda la moralina cuando se ignora la progresiva asimilación del PRD a los viejos “usos y costumbres” de la clase política, facilitada por la colonización del PRD y de sus estructuras de representación por políticos provenientes del PRI, que siguen siendo exactamente lo mismo que antes, salvo que toman al PRD como una buena franquicia electoral. Esta asimilación empieza por los métodos clientelares con que se amarra y se moviliza a las “bases partidarias” en toda la geografía nacional. Lejos, muy lejos estamos del partido de ciudadanos al cual convocaba el llamamiento inicial de 1988.
“Y esto, compañero presidente, no es una cuestión moral o estatutaria, que en eso se han convertido desde hace mucho las discusiones en las instancias dirigentes del PRD, sino una cuestión de orientación política: con quién está el PRD, a quién representa, a quién sirve y junto a quién lucha. Porque, permíteme decirte, es un viejo cuento que los socialistas siempre hemos rechazado el de que un partido puede responder a la vez a los intereses de los trabajadores y el pueblo y a los intereses y las exigencias de los empresarios, por más
que éstos digan ser.
“Por esa mutación política “que no moral” del PRD en un partido de empresarios y de políticos, que se ocupa de (y busca protegerlos, pero no apoyar su organización autónoma), es que Carlos Ahumada, auténtico empresario, pudo pasearse por todas las tribunas del PRD, codearse con sus dirigentes, discutir con ellos a cada momento y, no me digan que no porque aquí nadie nació ayer, tener voz y peso en muchas de las decisiones que esos dirigentes tomaban. No es una cuestión personal o de vida privada ni una , como dicen los moralistas de uno y otro bando. Es el símbolo de la prolongada y profunda mutación en la política, en la sicología y en los estilos de vida en los destacados dirigentes del PRD. Luis Buñuel lo llamaba >el discreto encanto de la burguesía>.
“Desde esta mutación en los principios, en las propuestas, en las políticas y en las alianzas, está escrito el canto a los “verdaderos empresarios” con que Martí Batres se dirige a la Canacintra en La Jornada del 25 de marzo, a través de un panegírico a su presidenta saliente. Un partido del pueblo y sus eventuales dirigentes debe, por supuesto tratar, conversar y llegar a acuerdos convenientes con los empresarios de todo tipo. Lo que no puede ni debe hacer es entonar las loas políticas de esta clase social privilegiada frente a la miseria, la exclusión y la explotación que sufre la inmensa mayoría del pueblo, ignorando la ira y la furia que en ese pueblo se está acumulando mientras el PRD se extasía con tales . Esta mutación sicológica y política es lo que hizo posible “inevitable, diría” la infortunada aventura del PRD con el pícaro Carlos Ahumada, empresario de innegable espíritu emprendedor y de notable capacidad de convicción. Atención: no es el único ni, por mucho, el más importante e inteligente de esa especie.
“Tres cuestiones políticas que fueron decisivas en esta transformación, y no las únicas, quiero anotar en esta carta:
“1) La política de alianzas del PRD, que aquí se alía con el PAN, allá con el PRI y más allá quién sabe con quién, fuera de toda preocupación de principios o de programa. De ese tipo era la alianza que en 1998 se trató de imponer con Ignacio Morales Lechuga: el fallido intento, como se ha visto, tuvo sus secuelas. De esas alianzas, la más inaceptable, la que en cualquier ocasión y lugar que se realice resultará funesta, es la alianza con el PAN, es decir, la alianza con el partido conservador, representante político del poder más antiguo y reaccionario de México: la jerarquía de la Iglesia católica, el partido de la subordinación a Estados Unidos y de la aplicación a fondo de la restructuración neoliberal y la privatización total de los bienes comunes de la nación. Esas alianzas son una aberración, contraria a las raíces liberales y radicales del PRD.
“2) El abandono, por momentos hasta el límite del enfrentamiento, del movimiento estudiantil y universitario de 1999, el último movimiento social de envergadura que, pese a todas las vicisitudes y los sectarismos (buena parte de los cuales se deben a la deserción del PRD), impidió la abolición de la enseñanza gratuita a nivel universitario. La contrapartida es que el PRD, como estructura partidaria, no tiene nada que hacer en la UNAM y, para bien de la universidad, ojalá no intente regresar nunca. Fue ésta una deserción de sus obligaciones hacia los movimientos de la sociedad y, sobre todo, hacia el universitario, decisivo en los orígenes mismos del PRD en 1987 y 1988.
“3) El abandono, en el Congreso de la Unión, de las demandas indígenas y democráticas contenidas en los acuerdos de San Andrés y la participación en la elaboración de la ley Bartlett-Fernández de Cevallos-Ortega de contrarreforma indígena y en su votación unánime en la Cámara de origen, el Senado. La ley Cocopa representaba una reforma constitucional que no sólo defendía los derechos indígenas, sino que abría paso a una transformación y ampliación democrática de todas las estructuras del Estado y de las relaciones de la sociedad en México. A ella se opusieron por sólidas razones tanto los conservadores del PAN como los liberales del PRI. Esta deserción de sus compromisos y obligaciones con la democracia por parte del PRD fue una de las fases definitorias -no remediada por declaraciones inefectivas posteriores- en su transformación en uno de los sostenes de las estructuras opresoras, injustas y excluyentes que encierran en sus actuales límites a la vida política del país.
“De estas deserciones, claudicaciones y abandonos en el terreno liberal, en el terreno social y en el terreno democrático, y de muchas otras en los tres terrenos, se fue nutriendo la gravísima situación que hoy enfrenta el PRD. No tiene sentido abordarla como una cuestión de moral individual o de normas estatutarias. Si esta asamblea, como todo lo indica, toma por ese camino, terminará de encerrar al PRD en un callejón sin salida.
“Tierra, petróleo, energía, derechos y autonomías indígenas, educación, investigación, salud, pensiones, territorio, ecología, biodiversidad, salarios, empleos, vivienda, legislación social, régimen fiscal equitativo, medio ambiente e infraestructura urbana, seguridad, soberanía, paz y oposición a las guerras, democracia, justicia, ciudadanía, corrupción y narcotráfico, retiro del Ejército de Chiapas, paz y respeto al EZLN y al movimiento indígena nacional, libertades, derechos y libertades de las mujeres, Ciudad Juárez, cultura, medios de comunicación, tiempos libres, edades de la vida, convivencia, son sólo algunos de los temas que debería abordar, previa amplia discusión e intercambio, una asamblea, conferencia o congreso de un partido liberal, democrático y social que estuviera cercano al pueblo mexicano de estos días y quisiera contribuir al surgimiento de nuevos movimientos de la sociedad desde lo más profundo, únicos que podrán en el futuro cambiar el estado de cosas existente.
“Esos temas tendrían que traducirse no tanto en
(que parece ser lo único en lo cual piensa el PRD), sino en primer lugar en políticas de organización autónoma desde abajo y desde adentro de esos movimientos profundos de la sociedad, del pueblo, de los subalternos y los oprimidos, hoy abandonados a su suerte por todos los partidos. Son los únicos que tendrán la fuerza, con sus movilizaciones, para revertir el actual curso conservador, entre resignado e indiferente, de la vida política y social en el país.
“Por todo lo que sabemos, Leonel, este próximo evento no tratará, y tampoco estaría en condiciones de hacerlo con seriedad y profundidad, ninguno de esos temas, es decir, de aquellos que conforman la vida, las angustias y las esperanzas del pueblo mexicano.
“Hablará, parece, sobre todo del propio PRD, sus equilibrios, sus estructuras, sus estatutos y sus consideraciones económicas y morales.
“Por eso, y por las razones que expongo en esta carta, sólo me queda, Leonel, agradecer una vez más que hayas recordado mi nombre en la lista de invitados a este importante evento y decirte que en estas condiciones no tendría sentido mi asistencia.
“Salud y suerte, presidente.”
*
El problema de fondo ha radicado en la definición del lo que es la izquierda. López Obrador dice que es de izquierda y no presenta definiciones ni propuestas que modifiquen la correlación de fuerzas productivas y sociales. El fracaso ideológico de la Unión Soviética inclusive contaminó a las fuerzas ideológicas de la izquierda. Luego de muchos años, ser de izquierda significa primero la oposición al modelo económico neoliberal, aunque se haga desde una perspectiva populista.
A partir de Sartre, la izquierda debe tener referencias marxistas. Y hablar de marxismo es referirse a la propuesta simiente del marxismo: la lucha de clases como motor de la historia y como definición de un sistema productivo dividido entre dueños de la propiedad y obreros sin propiedad. La lucha de clases fue sin duda el gran descubrimiento ideológico del Siglo XIX aunque su puesta en marcha en el Siglo XX enfrentó sobre todo la represión de la libertad. Luego de la caída del Muro de Berlín a finales de 1989, el marxismo fue excluido de las propuestas de la izquierda. Y las megatendencias ideológicas se hicieron más pragmáticas, como revela el libro las ideas políticas en el Siglo XXI, coordinado por Joan Antón Mellón: conceptos como ecologismo, feminismo, indigenismo, globalización y otros similares han tratado de sustituir el concepto central de lucha de clases.
El problema radica en el temor de regresar al marxismo, cuando en realidad el marxismo se pervirtió con el leninismo partidista. Pero al margen de las críticas a los métodos de aplicación de las propuestas marxistas, Marx y Engels detectaron el eje de una idea fuerza capaz de cambiar el mundo y el sistema productivo: la lucha entre propietarios y no propietarios (4). Y de entre todas las propuestas de replantear la izquierda, ninguna ha sido tan profunda como la delineada por Pablo González Casanova en un adelanto que hizo de un libro que anunció en el 2000 sobre el proyecto nacional. En una carta al subcomandante Marcos, González Casanova definió “las siete características de la nueva izquierda que apareció en los sesenta y que se enriqueció y consolidó en los albores del nuevo milenio” (5):
“Uno: Revalorizar lo interno de la dominación y la explotación y considerar al imperialismo como fenómeno también interno (y no sólo como externo) tanto en la periferia como en el centro del mundo. Redescubrir las viejas categorías del colonialismo y el imperialismo que se viven con las inmensas transferencias de excedente de la a y que ocurren bajo nuevas formas del comercio inequitativo, del endeudamiento, la especulación y la discriminación, tanto a nivel global como local, con megaempresas y subsidiarias, o con oligarquías y etnias.
“Dos: Destacar las contradicciones del capitalismo y también las de la socialdemocracia realmente existentes, las del socialismo o comunismo realmente existentes, y las de la liberación nacional realmente existente.
“Tres: Revalorizar la lucha de clases, que se siente cuando los patrones le prohiben a los partidos cambiar la política neoliberal; cuando los trabajadores sufren los efectos de la informalización y la desregulación, y las poblaciones la de la privatización con estudiantes sin escuelas, enfermos sin medicinas, niños sin comida. Analizar esa que ni parece lucha de clases; pero de manera más sutil con sus articulaciones complejas en corporaciones multinacionales y transnacionales, con regímenes y sistemas de dominación y explotación vinculados a otros de mediación y represión, con sistemas de acumulación y exclusión, de distribución, y apropiación o depredación.
“Cuatro: Revalorizar la democracia universal como participación y representación, como pluralismo ideológico y articulación de derechos individuales y sociales, y postular que sin democracia no habrá socialismo, pero que tampoco habrá democracia sin socialismo. Darle importancia a la democracia, si se es socialista, y también a la socialización si se es democrático.
“Cinco: Combinar las luchas parciales de en una gran lucha local, regional, nacional, mundial, plural, que incluya lo mejor de las distintas corrientes socialistas, democráticas y de liberación nacional.
“Seis: Superar el antiguo dilema de y, más que combinar una y otra, construir redes de organizaciones de resistencia que avancen de lo local a lo mundial y viceversa en la acumulación de fuerzas democráticas y sociales, y que combinen la política con el poder, y la defensa de lo público y colectivo con la construcción del poder de un sujeto histórico en la sociedad y a partir de ella, para que partidos y estados gobiernen obedeciendo.
“Siete: Dar a la cultura ético-política y al conocimiento histórico, humanístico, científico y técnico, así como a las ciencias de la comunicación y de la organización, una importancia central en la educación general y de las especialidades, e impartir la educación media y superior en forma universal, pública y gratuita.”
Frente a los temores intelectuales de eludir los razonamientos marxistas, González Casanova contextualiza el concepto de izquierda pero retoma y redimensiona las propuestas de Marx y Engels en cuando menos cinco conceptos: explotación, imperialismo, capitalismo, lucha de clases y socialización. Frente a este razonamiento conceptual, las decisiones de subsidios a la tercera edad, las alianzas con el capital de Carlos Slim y las obras viales para beneficiar a los propietarios de automóviles en detrimento de la reorganización del transporte público,
Al comenzar el Siglo XXI, la izquierda aspiró nada más en criticar al neoliberalismo y en proponer medidas para paliar “que no impedir” algunas de las decisiones drásticas de la globalización. En sus conferencias de prensa, López Obrador ha reiterado que encabeza una alternativa al neoliberalismo. El neoliberalismo ha derivado en un concento cuyo cuerpo teórico se sustenta en el Consenso de Washington, un documento redactado por John Williamson para resumir “lo que Washington quiere decir cuando se refiere a reformas en política económica, redactado en 1990. Pero en realidad el modelo neoliberal viene de más atrás y en México tiene referencias de 1976, cuando México firmó una carta secreta con el Fondo Monetario Internacional comprometiéndose a aplicar políticas económicas estabilizadoras de corto plazo para bajar la inflación y contender las devaluaciones y así tener acceso a los créditos del organismo.
Varios años después, el Banco Mundial se sumó a la condicionalidad y exigió, junto a las medidas de estabilización financiera del FMI, decisiones de reforma estructural que corrigieran el fondo real de los problemas: la intervención del Estado en la economía. México entró en la lógica del neoliberalismo, que a mediados de los setenta se conoció como las propuestas de los Chicago boy por el diseño realizado por el profesor Milton Friedman, premio nobel y jefe de la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago. El neoliberalismo tuvo su máximo esplendor en Chile después del golpe de Estado de 1973. En México se aplicó desde 1976.
Así, el neoliberalismo constituyó un recetario de corto plazo para controlar la inflación por el lado de la demanda porque la inflación generaba devaluaciones: disminución del gasto público, control de los salarios y aumento de los impuestos. La fórmula era sencilla: enfocar la inflación, Friedman dixit, como un fenómeno monetario en todo tiempo y en todo lugar. Los precios se ajustan al dinero en circulación. Al bajar el circulante vía control salarial y disminución del gasto, los precios tenderían a bajar. A este recetario del FMNI se unió el del Banco Mundial: privatización de la economía, venta de empresas públicas y apertura comercial.
Luego vino en 1990 el Consenso de Washington: disciplina presupuestaria, cambios para fortalecer el gasto social, reforma fiscal vía base más amplia e impuestos menores, liberalización financiera, tipos de cambio competitivos, liberalización comercial, apertura total a las inversiones extranjeras, privatizaciones, desregulaciones y garantías de los derechos de propiedad. Al final, el Consenso de Washington recogía la condicionalidad del FMI y del Banco Mundial.
En México, la condicionalidad del FMI-BM condujo a principios de los ochenta al concepto de disputa por el proyecto de nación entre los grupos empresariales y las corrientes populares, una forma de aterrizar en la experiencia mexicana la lucha de clases de Marx y Engels. El es quema fue racionalizado y resumido por Carlos Tello y Rolando Cordera en su libro México, la disputa por la nación. Perspectivas y opciones del desarrollo. A la distancia de ese 1981, la disputa se dio justamente entre las corrientes del neoliberalismo contra los grupos del populismo priísta corporativo sustentado en la intervención directa del Estado en la economía.
…
Son, pues, pinceladas del autorretrato de un retrato. Una lectura para el descanso de los sábados.